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TUNGUSCA ¿MISTERIO? ¡NO!

TUNGUSCA ¿EL MISTERIO DE STALIN?

 Iosif Stalin, el bolchevique, tiene el penoso honor de haber sido el mayor asesino de la historia del siglo XX y probablemente de toda la historia de la humanidad. Stalin era su apodo (“acero”) y se lo pusieron los propios bolcheviques (¡buf!). Durante la Revolución Rusa, los bolcheviques eran una minoría y los mencheviques eran la mayoría, seguidos por casi toda la población; estos últimos pretendían una Rusia democrática. De alguna manera, Lenin, Trosky y Stalin consiguieron desbancar a los mencheviques y crear su estado de terror con las famosas purgas, deportaciones y asesinatos en masa.

Este personaje tenía una personalidad paranoica, hasta el punto de que empleaba 50.000 soldados y agentes para su seguridad personal. Tenía agentes incluso en las granjas y en las huertas de donde provenía su comida para evitar que alimentasen el ganado o regasen con venenos. Hay mucho escrito sobre este individuo.

Una de sus falsificaciones más conocidas es la de una fotografía en la que él está sobre un estrado arengando a la multitud y, cerca de él, en una escalera, está Trosky. Mandó borrar a Trosky y distribuir la fotografía con él como único protagonista. De este tipo de falsificaciones fotográficas tiene unas cuantas.

Cuando, en febrero de 1.945, Hitler lanza la primera bomba atómica sobre Siberia, en Tunguska, Stalin no estaba dispuesto a admitir a sus aliados la vulnerabilidad de la URSS. Esta decisión dio al traste con las pretensiones de Hitler de utilizar la bomba atómica como un arma disuasoria para conseguir una paz razonablemente honrosa.

Como no podían ocultarse los daños producidos y, teniendo en cuenta que la guerra fría se estaba gestando, con los americanos realizando vuelos de reconocimiento sobre la URSS, a Stalin se le ocurrió la genial idea de decir que en Tunguska cayó un meteorito a principios del siglo XX, más concretamente en 1.908, y que desde entonces se mantenían las secuelas del impacto. Para consolidar esa historia, se sacaron fotos de la zona devastada y se inventó a un curioso personaje como autor de las fotos.

El personaje del cuento se llamó Leonid Kulik, científico soviético al que no sólo se le dotó de una personalidad, sino que también se le dio un cuerpo, una cara y una idiosincrasia. Existen algunas fotos de este personaje, una de la cara, con gafas, perilla y aspecto de científico despistado. Y otra con una especie de uniforme de marinero, con un fusil al hombro y en actitud de descubridor al uso.

A nuestro Kulik le hicieron famoso porque realizó una expedición de miles de kilómetros en caballo y trineo por un cerrado y nevado bosque hasta el lugar de la caída del meteorito, que encontró misteriosamente. Hay que tener en cuenta que incluso en la actualidad sólo se puede llegar en helicóptero al interior de esas masas boscosas. Llegó, fotografió y se fue sin más. Posteriormente aparecieron fotos del lugar, según los soviéticos, de la expedición de este científico y de vuelos realizados durante 1.945.

En todas las fotos se ve lo mismo: una zona de varios kilómetros devastada. Lo mismo con las fotos de 1.945: la misma zona y la misma devastación. Pero hay un “pero”: al poco tiempo de acabada la guerra (1.945), la zona comienza a reforestarse a una velocidad sin precedentes. El bosque se regenera y casi no quedan secuelas en la masa arbórea.

Lo que no sabía Stalin, ni nadie todavía, era que tras una explosión atómica la regeneración vegetal es muy rápida, aunque con secuelas en los troncos de los árboles. Con lo que no supo cómo justificar que el bosque estuviera devastado durante treinta años y de pronto se regenerase. Sobre esta historia oficial soviética no existen datos anteriores a 1.945, ni tampoco del científico. Sobre la vida de éste no se sabe nada, salvo que luchó en la guerra mundial y fue hecho prisionero por los alemanes y murió de tifus en el campo de concentración, nada menos que con más de 60 años. Hay que tener en cuenta que los rusos no mandaban al frente a nadie que supiese algo más que leer y escribir, mucho menos a un científico de esa categoría. A los más “leídos” los hacían comisarios políticos.

Cuando en 1.946 y 1.947 se empieza a ver la regeneración del bosque y, sobre todo, que no existía ningún cráter (las bombas atómicas se explotaban a 600 m. de altura aproximadamente), la siguiente genial idea fue dejar caer que podría haber sido una nave extraterrestre que había explotado en el aire, aprovechando que en ese año es cuando se inicia la famosa hipótesis extraterrestre para ocultar las naves circulares (platillos volantes).

Servida la incertidumbre, Stalin se salió con la suya: aún perdura el “misterio de Tunguska”.

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LA VIRGEN ¿ES VIRGEN?

A juzgar por lo que dice la Biblia, ni la propia María lo creía, pero vamos a verlo más detenidamente. Lucas nos cuenta, refiriéndose al parto de María: “Así que se cumplieron los días de la purificación conforme a la Ley de Moisés,…” Seguir leyendo »

JESÚS DE… ¿DÓNDE?

Aprovechando que estamos en Semana Santa, rodeados de tantos nazarenos, vamos a ver qué es eso de “nazareno”. ¿Pudiera ser que habláramos de grupos “antisistema” de la antigüedad? Y, curiosamente, los miramos con piadosa devoción ¡Pudiera ser!

La creencia general, bien promocionada por la Iglesia, es que son seguidores de Jesús de Nazaret, haciendo homenaje a su lugar de nacimiento ¿Pero Jesús no nació, acaso, en Belén? Si es de Belén, no es de Nazaret. A eso se le quita importancia diciendo que vivió su familia en aquel lugar ¿No habría quedado mejor llamarle el Belenita, que fue el lugar de nacimiento? ¡Pues no! Porque la iglesia tiene un interés muy especial en fijar Nazaret, para evitar pensamientos peligrosos para la buena marcha del negocio eclesiastico. Porque llamar a alguien “nazareno” sin ser de Nazaret podría hacer pensar que era nazareno de los nazarinos, o nazareos ¡Y eso es harina de otro costal! Para evitarlo, la incipiente Iglesia, a traves de su más poderosa propagandista, santa Elena, madre de Constantino, amante de Filipo y “moza de establo”, vamos “pilingui”, en su primer oficio, se inventó la ciudad de Nazaret, puesto que en epoca de Jesús, Nazaret no existía. ¡Vaya por Dios!

Marcos y Juan, en sus respectivos evangelios, sitúan su nacimiento en Nazaret (Galilea). Hay que tener en cuenta que los Evangelios se escribieron entre 100 y 300 años después de la muerte de Jesús y, además, fueron modificados en diversas ocasiones, introduciendo nuevos párrafos y modificando otros.

Mateo y Lucas, sin embargo, dicen que su nacimiento ocurrió en Belén (Judea). Como se puede ver, hay muchos Kilómetros de un emplazamiento a otro, en dos provincias distintas que ni siquiera eran fronterizas. Estos apóstoles le “dan a luz” en Belén para forzar el cumplimiento de las profecías de Samuel, Isaias y Miqueas, en las que se decía que el Mesías nacería en la ciudad de David y descendería de él.

Sin embargo los otros, Marcos y Juan, lo sitúan en un lugar llamado Nazaret, hilando con mucha sutileza y cordura, una abstracción de Gue Nezaret – “en el valle junto al lago Genezaret”.

Lo más probable es que naciera, viviera y se educara en las poblaciones del margen derecho del Mar de Galilea y de allí eran sus seguidores y María (Magdala); cerca está, tambien Caná. Y era, con mucho, una comarca “antisistema”.

Nazaret no se menciona en ningún evangelio, ni canónico, ni apócrifo. El historiador soldado, nacido en Jafa, junto al actual Nazaret, Flavio Josefo, tampoco lo menciona en su exhaustiva obra sobre los judios. De hecho, la datación más antigua, en las excavaciones que se han realizado, se remonta al siglo IV d.C.

Hay un pasaje de Lucas en el que cuenta que quisieron despeñar a Jesús por un precipicio que había junto al pueblo – Nazaret. Curiosamente, el actual Nazaret no tiene ningún precipicio, hondonada, escarpado o accidente del terreno del que se pueda despeñar a alguien para hacerle algo más de daño que torcerse un tobillo.

El lugar en que se le ocurrió a nuestra buena “moza de estabo”, santa Elena, erigir una iglesia conmemorativa del lugar de nacimiento, más bien de la anunciación, fue la necropolis de Jafa. La buena mujer no se paró a pensar que un lugar “impuro” no sería, ni habría sido nunca, una morada y menos una población, pero es que ella iba de turista, con demasiados gastos y caprichos pagados. Con esos medios y siguiendo la iluminación divina, fundó Nazaret, la gruta de Belén, el monte Calvario, el Santo Sepulcro y descubrió múltiples reliquias, que aún se veneran. Todo de una tacada.

La Iglesianos cuenta que el padre de Jesús tuvo que ir a empadronarse hasta Belén, obedeciendo un decreto de César Augusto, que ordenaba un empadronamiento general. Tal empadronamiento “general” no existió. Sí existió el censo de Cirino, cuya única finalidad era de tipo fiscal, para dar a los romanos una relación de bienes de los residentes en Judea – “de todos los bienes de los particulares” F.J. ¿Qué pinta una familia de Galilea, yendo a Judea para declarar unos bienes que no tenía en Judea?

Todo esto ha sido necesario para entender el pretendido camuflaje del “nazareno”. Y no se podía ocultar, porque los romanos lo crucificaron por el delito político de ser “Jesús, el nazareo, rey de los judios”, no rey de los cielos, ni rey ambiguo de una entelequia, o de una secta religiosa: eso a los romanos les traía sin cuidado, eran respetuosos y temerosos, por si acaso, con los dioses de todas sus provincias.

En los Evangelios se menciona a Jesús seis veces como nazareno y doce veces como nazareo. Y es que los nazareos eran una secta, de las muchas que había, de carácter político religioso, junto a otras, o más bien, opuesta a otras, como los seduceos, que colaboraban con los romanos y eran odiados por las otras facciones. Los fariseos, nacionalistas acerrimos. Los esenios, oponentes de los romanos de forma pasiva, eran austeros y místicos. Los nazareos, que eran una rama de los esenios de carácter más vehemente y activo, en contra del poder romano, y, dentro de estos nazareos, una facción que era su brazo armado, llamados “sicarios” porque llevaban un puñal (sica) bajo el manto.

Algunos de los seguidores de Jesús tenían sobrenombres que denotaban claramente su pertenencia a estos grupos o a sus cualidades:

Simón, que es llamado Pedro (“la piedra”, el duro, haciendo gala de su carácter). Simón, el “Kananaios” en su versión griega, que se traduce por “el zelote”. Judas Iscariote (“el sicario”).

¡En fin! que si no se inventa Nazaret, la Iglesiahabría tenido un serio problema, que seguramente habría solventado como acto de fe.

¿Respetamos el medio ambiente?, ¿el medio ambiente nos debe respetar a nosotros? o ¿tenemos que respetarnos unos a otros? Me da la impresión que ni respetamos el medio ambiente, ni el medio ambiente tiene por qué respetarnos, ni nos respetamos los unos a los otros. Nuestra especie nunca ha respetado el medio ambiente: Habría sido una incongruencia, no habríamos podido evolucionar. Lo hemos usado y explotado igual que ahora. Hemos fabricado herramientas, talado árboles, modificado cauces, saciado nuestro apetito, incendiado praderas, destruido montañas y mil cosas, para satisfacer nuestras necesidades, con la única conciencia de que todo estaba para nuestro uso, disfrute y satisfacción. Estoy refiriéndome a la época en que éramos cazadores – recolectores. Y el medio ambiente, es decir lo que siempre se ha conocido como la naturaleza, no se resentía del uso. Y solo porqué éramos pocos con una relación de espacio por persona muy alta.

Aparecen los primeros asentamientos y seguimos usando y explotando a la naturaleza, pero con mayor intensidad; además de hacer herramientas, talar, cazar, incendiar, … somos capaces de domesticar y criar ganado y de cosechar. A pesar de ser omnívoros, tenemos un gusto por la carne superior a cualquier alimento. Tiene mayor cantidad de proteínas, son de mejor calidad, sacia el hambre rápidamente y nos da mayor fuerza. Y en este punto entramos en la primera contradicción: cosechamos grano para dárselo al ganado y nos comemos el ganado preferentemente. Es decir, por cada caloría que obtenemos de la carne, utilizamos siete veces más calorías para alimentar al ganado. Con lo que sobrexplotamos la tierra para conseguir calorías y proteínas de primera calidad. La naturaleza se resiente algo y nos obliga a la quema periódica de tierras para que se regeneren, pero seguimos siendo pocos y la relación espacio persona es suficiente para seguir esquilmando los recursos. Y mantenemos la misma conciencia: los dioses nos ofrecen la naturaleza para nuestro uso y disfrute. Y esto ha ocurrido hasta el siglo XIX, más o menos. Bueno, no es cierto del todo. La tala de árboles para la construcción de la armada invencible y el resto de armadas hasta el uso del acero, acabó con grandes extensiones de bosques que aún no se han recuperado. Un ejemplo está en el pedregal que existe en los montes de “Los Enebrales” en Prádena (Segovia) – no queda ni un enebro -, que por cierto tiene una cueva de un asentamiento cromagnon. Una fragata podía utilizar la madera de tres hectáreas de bosque.

El crecimiento de la especie aún no era demasiado rápido. A partir de la industrialización, el crecimiento se dispara y comienza el caos actual. Con tal de obtener herramientas, armas, dinero, poder y dominio sobre el resto, no reparamos en medios.

Esta introducción tan genérica sirve para tratar de analizar el presente; pero antes, una anécdota.

En 1970, cuando tenía 20 años, leí la primera noticia sobre el agujero de la capa de ozono en la Antártida, producido, según contaban, por los gases (fluorocarbonados) de los esprais, frigoríficos y refrigeradores de aire. Yo, en mi indocumentada e inocente juventud, decidí cambiar a desodorantes sin gas, el precio fue barato, dos golondrinos, uno en cada axila al mismo tiempo, pero sentí que contribuía al bienestar de todos. Y continué, como espectador del mundo, aprendiendo todo lo que se me ofrecía, había vivido la carrera espacial, la llegada a la luna, la guerra fría, alguna caliente, en fin, un uso de recursos ilimitado.

Dado que me decanté por las ciencias, cuando se habla del enriquecimiento del uranio para fines bélicos, sé de que se habla (la contaminación para la obtención de un Kg de U enriquecido es salvaje), y no tiene retorno, ya no se puede empobrecer. Y para la obtención de materiales ligeros y nuevas aleaciones ni nos lo cuentan. Es curioso que no sepamos que los contrapesos de los aviones comerciales son de uranio empobrecido (radioactivo), dicen que poco. Como decía Gila: llevo poco tiempo en la guerra y todavía mato flojo. Lo mismo ocurre con las municiones antitanque o los blindajes (síndrome del Golfo).

Después, más recientemente y ya más viejo, empece a oír en la política y en la publicidad “el respeto por el medio ambiente”, y me preguntaba ¿se refieren al mismo que yo creo? ¿o hay dos medios ambientes: el de los que hacen manifestaciones, se la juegan y hasta cambian su forma de vida y desodorante, o el de los listos que nos entretienen con ideales y masacran todo lo masacrable?

En 1.947, no había agujero de ozono, pero ocurrió un hecho no conocido del todo (forma parte de la documentación clasificada de la guerra), pero muy llamativo. Los EE.UU. y aliados suyos iniciaron la operación “highjump”, también se llamó la guerra de los pingüinos. Enviaron al antártico una expedición que superó los 20 barcos, incluido un portaviones y un submarino, más un número considerable de hombres. La operación, que se dijo con fines científicos, se saldó con más de 1000 muertos y un rápido final, prevista para 6 u 8 meses, duró apenas uno. Se ha escrito que se hizo explotar sobre el polo sur artefactos nucleares de potencia superior a los de Hiroshima. Ya hablaremos de esto.

Y yo, en mi ingenuidad, me pregunto: el famoso agujero ¿será por los desodorantes, será por los frigoríficos o será por las explosiones nucleares?. Hay que ser dócil y pensar que nuestra higiene altera el medio ambiente, pero las pruebas nucleares benefician nuestro modo de vida.

Para todo esto hace falta agotar recursos (titanio, uranio, deuterio, madera, caucho, petróleo, lo que haga falta), y hay que pagarlo. ¿Quién lo paga?. Pues los que reciclan, es decir los que consumen, los que compramos electrodomésticos, aire acondicionado, desodorante y coches, que nos llaman la clase media, que somos los suficientes. Por lo tanto, y por ahora, sobran los de la clase baja. Y los dejamos en reserva en el hemisferio sur, hasta que nos hagan más falta (sólo consumen armas y no pocas) ¿Quién ayuda a que seamos tantos? y de esa forma satisfacer a los poderosos. Pues no me atrevo a decirlo, pero me suena la frase creced y multiplicados. Menos mal que la solución se acerca a grandes pasos: el fracaso como especie y la recuperación de la tierra.

Por cierto, al menos EE.UU. Canadá y Rusia, están ensayando armas electromagnéticas, que generan mucha energía (calor) y tienen capacidad para alterar el clima. Pero el efecto invernadero es culpa de los desodorantes y siempre lo será.

JACK EL DESTRIPADOR

El caso de Jack el destripador es otro de los muchos escándalos que se esconden para no perjudicar a los estamentos políticos, en este caso a la familia de su graciosa majestad la Reina Victoria. Para evitar un escándalo regio se tomaron medidas demasiado drásticas y se dejaron revestir de un halo de misterio, suspense y peligro para evitar que nadie metiese sus narices en el asunto. La monarquía era muy poderosa y tanto la policía, como la justicia y la aristocracia estaban incondicionalmente de su lado. En el otro lado estaba la miseria proveniente de la industrialización de las grandes ciudades.
La familia real británica parece propensa a los escándalos y suele ser poco habilidosa para ocultarlos, es más bien chapucera a la hora de dar explicaciones o de adoptar soluciones. Y el caso del destripador es el más claro. Luego vinieron otros que no le llegaron a su altura.
Lo que se conoce de una forma general es que en el Londres de mil ochocientos y pico un loco, asesinó y mutiló a unas cuantas prostitutas y, a pesar de los esfuerzos de Scotland Yard, nunca se pudo saber quién era; ante esa incertidumbre se creó un ambiente de terror y miedo que traspasó las fronteras del Reino Unido.
Efectivamente Jack era desconocido, pero no para el máximo responsable de Scotland Yard, ni para el ministro del interior, ni para la reina Victoria.
Todo comenzó a consecuencia de las correrías y diversiones del joven príncipe Alberto Víctor, nieto de la reina Victoria, e hijo de la princesa Aleixandra. El príncipe, Eddy para sus amigos, tenía un gran amigo y gran pintor, Walter Sickert, contemporáneo de los impresionistas y amigo de Degas. Eran compañeros de juergas y la casualidad hizo que Eddy en uno de sus escarceos se enamorase de una modelo del pintor: Annie E. Crook, que además de modelo era dependienta en una pastelería. Tal fue el enamoramiento que decidieron casarse, y el príncipe, temiendo la reacción de su abuela, lo hizo en secreto. Al poco tiempo tuvieron una hija: Alice M. Crook. Los testigos de la boda fueron Sickert como amigo del novio y Mary Kelly como amiga de la novia y dependienta en la misma pastelería.
Enterada la reina Victoria del suceso, su real cerebro no pudo asimilar un matrimonio de un príncipe con una dependienta, además modelo de un pintor; lo calificó de escándalo público y tomó sus reales medidas para evitar que trascendiese. La primera mandar al manicomio a su nuera, sin pedir su opinión, para eso era la reina más poderosa de Europa. En el manicomio, Annie, murió olvidada de todo el mundo en 1.920. La segunda fue enviar al príncipe al extranjero para tener libertad de acción. La tercera borrar de los registros el matrimonio, aunque no se pudo borrar el nacimiento de la pequeña Alice. La cuarta no se sabe, pero puede suponerse que tomar medidas contra la niña, aunque no le dio tiempo. Mary Kelly enterada de los sucesos, posiblemente por medio de Sickert, huyó a su Irlanda natal, llevándose a la hija de su amiga, que es de suponer que tendría el título de infanta real.
A los pocos años Mary volvió a Londres para recuperar su antigua vida y su empleo, huyendo del hambre y la miseria que se había instalado en Irlanda. Pero los tiempos habían cambiado y se encontró un Londres distinto, sin posibilidad de encontrar un empleo que le permitiese vivir dignamente a ella y a su “infanta”.
Visitó a Sickert y le confió la custodia de la niña en vista de que no podía darle una vida siquiera decente. Este contactó con sus abuelos – los Crook – y les dio a la niña para que la cuidasen. Curiosamente al cabo de una años Sickert se casó con la niña – es de suponer que menos niña –
Entretanto el único trabajo que consiguió Mary fue el de prostituta en el barrio de Whitechapel, barrio que se hizo famoso por los asesinatos del destripador.
Al poco tiempo se hizo con un grupo de amigas que se juntaban en el pub Britannia y en el Ten Bells. El grupo de amigas eran: Polly Nicholls, Elizabeth Stride y Annie Chapman. Todas ellas más una pobre desgraciada, Catherine Eddowes, que no formaba parte del grupo murieron a golpe del bisturí del Destripador.
En estos pubs, alrededor de vasos de ginebra, Annie contó a este grupo su historia y la de su amiga Alice, el romance con el príncipe y el nacimiento de la hija. No hace falta mucha imaginación para sacar fruto de esta historia e intentar salir de la miseria que vivían. Se pusieron de acuerdo en chantajear a la familia real y urdieron un plan. En este plan iba a ser un elemento importante su antiguo amigo pintor. Acudieron a él para que hiciese de intermediario y contra todo pronóstico Sickert aceptó serlo.
Iniciado el chantaje, que por cierto, varios años después Sickert pintó un cuadro “El chantaje” cuya protagonista era Mary Nelly, la Reina puso el asunto en manos del primer ministro lord Robert Salisbury, masón.
En Inglaterra, antes y ahora, la monarquía y la masonería ha tenido una estrecha relación. Masones eran también los altos cargos y como no el jefe de Scotland Yard, sir Charles Warren.
Los cerebros de la operación habían sido elegidos y, vistos los resultados, la operación y su ejecución estaba bien definida. Faltaba el verdugo para solucionar el “incidente del príncipe”, tenía que ser alguien de plena confianza, de alto rango, tenía que saber matar para evitar más chantajes, y pertenecer al pequeño grupo de la aristocracia; y a poder ser alguien manejable y masón.
Y apareció la persona indicada: Sir William Gull, médico de la familia real, que había mostrado su lealtad en muchas ocasiones. Pero era un verdugo para hacer el trabajo fino, faltaba el trabajo bruto, el ayudante que sujetaba a las víctimas y que transportaba la herramienta y al señor doctor, y ese no fue otro que el antiguo cochero del príncipe John Netley.
Con el equipo formado sólo era cuestión de método, y así fue, una a una todas las componentes de la trama fueron cayendo. Pero lo extraño fue el salvajismo con que se llevaron a efecto, no tenía sentido esa violencia puesto que no se iba a mandar ningún aviso tipo mafioso a nadie, era un asunto secreto, sin embargo se ensañaron con las víctimas. Santiago Camacho en uno de sus buenos libros recoge la teoría de que el ensañamiento no pasaba de ser un ritual masónico, parece bastante lógico, hay quien ha hablado de locura del doctor puesto que había sufrido un infarto cerebral, pero un trabajo de estas características no se le encarga a un loco.
La única víctima accidental fue Catherine Eddowes, que fue confundida con Mary Kelly. Catherine fue detenida por escándalo público y dio un nombre falso, para su desgracia dijo que era Mary Kelly. A Scotland Yard le faltó tiempo para avisar al primer ministro y completarse la misión.
Solo queda a quien colocarle el apodo de destripador: al cochero, al médico, al jefe de Scotland Yard, al primer ministro o la reina.

Lo que ha conseguido un negro nunca lo conseguirá un indio: llegar a la Casa Blanca. Obama ha conseguido un sueño que parecía ciencia ficción diez años antes.

Podemos considerar que en la actualidad y a fuer de mucha sangre, los negros tienen los mismos derechos que los blancos, pero ¿qué pasa con los derechos de los indios, que son los auténticos norteamericanos?

Voy a resumir la diferencia entre los españoles y los colonos americanos en su relación con los indios. Después de algo más de 350 años de la fecha en que Colón llegó a América, en la parte hispana quedan más de 18 millones de indios y en la parte anglosajona apenas unos cientos. La diferencia es que los españoles les consideramos personas con alma y los anglosajones animales salvajes.

En 1.647 los holandeses llegaron a Manhattan y, con algunas cuentas de vidrio, unos anzuelos y otras tonterías, consiguieron poner un pie en la isla. Ese fue el principio del fin; pusieron el otro pie y en poco tiempo las hordas de colonos llegaron al otro extremo, al Pacífico.

Los indios, cuando vieron poner el segundo pie, se inquietaron y formaron la primera alianza india entre tribus orientales (Winevagos, Potawotamies y Kickapos), con su jefe Halcón Negro a la cabeza. Se convino el primer tratado con esas tribus y, claro, fueron traicionados, Halcón Negro fue hecho prisionero, torturado y expuesto al público. El gobernador del reciente estado de Iowa compró su esqueleto y lo colocó en su despacho. Toda una declaración de intenciones de lo que sería el futuro.

En 1829 Jackson llega a la presidencia y se promulga una Ley en la que determinados territorios al oeste del Missisipi constituyen la nación india, sin que ningún blanco pueda residir en ella sin permiso indio y estableció que el ejército velaría por su cumplimiento.

Sin embargo, en poco tiempo esa ley y los siguientes tratados, más de trescientos, se fueron incumpliendo en una guerra de exterminio, más que de dominación.

Para justificar esa continua deshonestidad, tratado tras tratado, se sacaron de la manga la “Ley del Destino Manifiesto” que decía: Los europeos y sus descendientes deben, en sometimiento de su destino, regir en América. Somos la raza dominante y, por tanto, responsable de los indios, sus bosques, tierras y minerales ¡Olé!

En 1.866 se reformala Constitucióncon la decimotercera enmienda, en la que se reconoce la igualdad para todos los ciudadanos de Estados Unidos, excepto para los indios. Y dos años más tarde se incorpora ala Constitucióncomo Ley Fundamental.

Un poco antes, en 1833, ya se les veía venir: en una sentencia del Tribunal Supremo de los EE. UU. se declaraba que: por nacimiento el indio americano es extranjero, y por tanto, carece de independencia. Parece que ese juez tenía la misma enfermedad que aquel otro que no consideraba ensañamiento apuñalar a una persona 74 veces. La enfermedad de la estulticia.

No merece la pena contar, por conocidas, todas las historias del genocidio indio a manos de héroes tan conocidos como Custer, Búfalo Bill, Kit Carson, y otros. Pero sí merece contar cosas menos conocidas.

Cortar la cabellera no era una costumbre india, fue adquirida de los blancos, puesto que las compañías mineras, de pieles y de ferrocarriles pagaban primas por cada indio muerto y la única prueba que se admitía era presentar la cabellera para el cobro de la prima.

La famosa frase los únicos indios buenos que he conocido son los indios muertos, se debe a una contestación del general Sheridan a Oso Amarillo, jefe arapahoe, que en una reunión parlamentaria se presentó como Tosawi, indio bueno.

Este general recibió infinidad de medallas y honores por su buen hacer en el exterminio, aunque tiene el dudoso honor de haber prestado su nombre a un tanque.

Entre 1.860 y 1.890, sólo treinta años, se exterminaron varios millones de indios y no solo con matanzas militares. El conocido Búfalo Bill, junto a otros tiradores, fue encargado por el gobierno para acabar con los bisontes, único medio de subsistencia de los indios. Aunque la historia estadounidense, apoyada por Hollywood, le ha disfrazado de un gran tirador encargado de alimentar con su caza a los trabajadores del ferrocarril.

La diferencia fundamental entre españoles y colonos norteamericanos, es que los españoles nos cruzamos con los indígenas y mezclamos las culturas, aunque no tanto la religión, pero esa es otra historia.

En la historia de la humanidad ha habido muchos genocidios, pero éste es el más dañino desde mi punto de vista. Y es que las tribus nómadas de Norteamérica, que llegaron allí hace algo menos de 20.000 años, mantenían la forma de vida, los conocimientos, la religión y los tabúes de los primitivos habitantes europeos del paleolítico superior. Quizá ellos nos habrían contado el significado de muchos símbolos y manos estarcidas que hemos visto en las pinturas rupestres de Europa. En fin, todo sea por el bien de la civilización.