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Archive for 4 julio 2011

¿Respetamos el medio ambiente?, ¿el medio ambiente nos debe respetar a nosotros? o ¿tenemos que respetarnos unos a otros? Me da la impresión que ni respetamos el medio ambiente, ni el medio ambiente tiene por qué respetarnos, ni nos respetamos los unos a los otros. Nuestra especie nunca ha respetado el medio ambiente: Habría sido una incongruencia, no habríamos podido evolucionar. Lo hemos usado y explotado igual que ahora. Hemos fabricado herramientas, talado árboles, modificado cauces, saciado nuestro apetito, incendiado praderas, destruido montañas y mil cosas, para satisfacer nuestras necesidades, con la única conciencia de que todo estaba para nuestro uso, disfrute y satisfacción. Estoy refiriéndome a la época en que éramos cazadores – recolectores. Y el medio ambiente, es decir lo que siempre se ha conocido como la naturaleza, no se resentía del uso. Y solo porqué éramos pocos con una relación de espacio por persona muy alta.

Aparecen los primeros asentamientos y seguimos usando y explotando a la naturaleza, pero con mayor intensidad; además de hacer herramientas, talar, cazar, incendiar, … somos capaces de domesticar y criar ganado y de cosechar. A pesar de ser omnívoros, tenemos un gusto por la carne superior a cualquier alimento. Tiene mayor cantidad de proteínas, son de mejor calidad, sacia el hambre rápidamente y nos da mayor fuerza. Y en este punto entramos en la primera contradicción: cosechamos grano para dárselo al ganado y nos comemos el ganado preferentemente. Es decir, por cada caloría que obtenemos de la carne, utilizamos siete veces más calorías para alimentar al ganado. Con lo que sobrexplotamos la tierra para conseguir calorías y proteínas de primera calidad. La naturaleza se resiente algo y nos obliga a la quema periódica de tierras para que se regeneren, pero seguimos siendo pocos y la relación espacio persona es suficiente para seguir esquilmando los recursos. Y mantenemos la misma conciencia: los dioses nos ofrecen la naturaleza para nuestro uso y disfrute. Y esto ha ocurrido hasta el siglo XIX, más o menos. Bueno, no es cierto del todo. La tala de árboles para la construcción de la armada invencible y el resto de armadas hasta el uso del acero, acabó con grandes extensiones de bosques que aún no se han recuperado. Un ejemplo está en el pedregal que existe en los montes de “Los Enebrales” en Prádena (Segovia) – no queda ni un enebro -, que por cierto tiene una cueva de un asentamiento cromagnon. Una fragata podía utilizar la madera de tres hectáreas de bosque.

El crecimiento de la especie aún no era demasiado rápido. A partir de la industrialización, el crecimiento se dispara y comienza el caos actual. Con tal de obtener herramientas, armas, dinero, poder y dominio sobre el resto, no reparamos en medios.

Esta introducción tan genérica sirve para tratar de analizar el presente; pero antes, una anécdota.

En 1970, cuando tenía 20 años, leí la primera noticia sobre el agujero de la capa de ozono en la Antártida, producido, según contaban, por los gases (fluorocarbonados) de los esprais, frigoríficos y refrigeradores de aire. Yo, en mi indocumentada e inocente juventud, decidí cambiar a desodorantes sin gas, el precio fue barato, dos golondrinos, uno en cada axila al mismo tiempo, pero sentí que contribuía al bienestar de todos. Y continué, como espectador del mundo, aprendiendo todo lo que se me ofrecía, había vivido la carrera espacial, la llegada a la luna, la guerra fría, alguna caliente, en fin, un uso de recursos ilimitado.

Dado que me decanté por las ciencias, cuando se habla del enriquecimiento del uranio para fines bélicos, sé de que se habla (la contaminación para la obtención de un Kg de U enriquecido es salvaje), y no tiene retorno, ya no se puede empobrecer. Y para la obtención de materiales ligeros y nuevas aleaciones ni nos lo cuentan. Es curioso que no sepamos que los contrapesos de los aviones comerciales son de uranio empobrecido (radioactivo), dicen que poco. Como decía Gila: llevo poco tiempo en la guerra y todavía mato flojo. Lo mismo ocurre con las municiones antitanque o los blindajes (síndrome del Golfo).

Después, más recientemente y ya más viejo, empece a oír en la política y en la publicidad “el respeto por el medio ambiente”, y me preguntaba ¿se refieren al mismo que yo creo? ¿o hay dos medios ambientes: el de los que hacen manifestaciones, se la juegan y hasta cambian su forma de vida y desodorante, o el de los listos que nos entretienen con ideales y masacran todo lo masacrable?

En 1.947, no había agujero de ozono, pero ocurrió un hecho no conocido del todo (forma parte de la documentación clasificada de la guerra), pero muy llamativo. Los EE.UU. y aliados suyos iniciaron la operación “highjump”, también se llamó la guerra de los pingüinos. Enviaron al antártico una expedición que superó los 20 barcos, incluido un portaviones y un submarino, más un número considerable de hombres. La operación, que se dijo con fines científicos, se saldó con más de 1000 muertos y un rápido final, prevista para 6 u 8 meses, duró apenas uno. Se ha escrito que se hizo explotar sobre el polo sur artefactos nucleares de potencia superior a los de Hiroshima. Ya hablaremos de esto.

Y yo, en mi ingenuidad, me pregunto: el famoso agujero ¿será por los desodorantes, será por los frigoríficos o será por las explosiones nucleares?. Hay que ser dócil y pensar que nuestra higiene altera el medio ambiente, pero las pruebas nucleares benefician nuestro modo de vida.

Para todo esto hace falta agotar recursos (titanio, uranio, deuterio, madera, caucho, petróleo, lo que haga falta), y hay que pagarlo. ¿Quién lo paga?. Pues los que reciclan, es decir los que consumen, los que compramos electrodomésticos, aire acondicionado, desodorante y coches, que nos llaman la clase media, que somos los suficientes. Por lo tanto, y por ahora, sobran los de la clase baja. Y los dejamos en reserva en el hemisferio sur, hasta que nos hagan más falta (sólo consumen armas y no pocas) ¿Quién ayuda a que seamos tantos? y de esa forma satisfacer a los poderosos. Pues no me atrevo a decirlo, pero me suena la frase creced y multiplicados. Menos mal que la solución se acerca a grandes pasos: el fracaso como especie y la recuperación de la tierra.

Por cierto, al menos EE.UU. Canadá y Rusia, están ensayando armas electromagnéticas, que generan mucha energía (calor) y tienen capacidad para alterar el clima. Pero el efecto invernadero es culpa de los desodorantes y siempre lo será.

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El caso de Jack el destripador es otro de los muchos escándalos que se esconden para no perjudicar a los estamentos políticos, en este caso a la familia de su graciosa majestad la Reina Victoria. Para evitar un escándalo regio se tomaron medidas demasiado drásticas y se dejaron revestir de un halo de misterio, suspense y peligro para evitar que nadie metiese sus narices en el asunto. La monarquía era muy poderosa y tanto la policía, como la justicia y la aristocracia estaban incondicionalmente de su lado. En el otro lado estaba la miseria proveniente de la industrialización de las grandes ciudades.
La familia real británica parece propensa a los escándalos y suele ser poco habilidosa para ocultarlos, es más bien chapucera a la hora de dar explicaciones o de adoptar soluciones. Y el caso del destripador es el más claro. Luego vinieron otros que no le llegaron a su altura.
Lo que se conoce de una forma general es que en el Londres de mil ochocientos y pico un loco, asesinó y mutiló a unas cuantas prostitutas y, a pesar de los esfuerzos de Scotland Yard, nunca se pudo saber quién era; ante esa incertidumbre se creó un ambiente de terror y miedo que traspasó las fronteras del Reino Unido.
Efectivamente Jack era desconocido, pero no para el máximo responsable de Scotland Yard, ni para el ministro del interior, ni para la reina Victoria.
Todo comenzó a consecuencia de las correrías y diversiones del joven príncipe Alberto Víctor, nieto de la reina Victoria, e hijo de la princesa Aleixandra. El príncipe, Eddy para sus amigos, tenía un gran amigo y gran pintor, Walter Sickert, contemporáneo de los impresionistas y amigo de Degas. Eran compañeros de juergas y la casualidad hizo que Eddy en uno de sus escarceos se enamorase de una modelo del pintor: Annie E. Crook, que además de modelo era dependienta en una pastelería. Tal fue el enamoramiento que decidieron casarse, y el príncipe, temiendo la reacción de su abuela, lo hizo en secreto. Al poco tiempo tuvieron una hija: Alice M. Crook. Los testigos de la boda fueron Sickert como amigo del novio y Mary Kelly como amiga de la novia y dependienta en la misma pastelería.
Enterada la reina Victoria del suceso, su real cerebro no pudo asimilar un matrimonio de un príncipe con una dependienta, además modelo de un pintor; lo calificó de escándalo público y tomó sus reales medidas para evitar que trascendiese. La primera mandar al manicomio a su nuera, sin pedir su opinión, para eso era la reina más poderosa de Europa. En el manicomio, Annie, murió olvidada de todo el mundo en 1.920. La segunda fue enviar al príncipe al extranjero para tener libertad de acción. La tercera borrar de los registros el matrimonio, aunque no se pudo borrar el nacimiento de la pequeña Alice. La cuarta no se sabe, pero puede suponerse que tomar medidas contra la niña, aunque no le dio tiempo. Mary Kelly enterada de los sucesos, posiblemente por medio de Sickert, huyó a su Irlanda natal, llevándose a la hija de su amiga, que es de suponer que tendría el título de infanta real.
A los pocos años Mary volvió a Londres para recuperar su antigua vida y su empleo, huyendo del hambre y la miseria que se había instalado en Irlanda. Pero los tiempos habían cambiado y se encontró un Londres distinto, sin posibilidad de encontrar un empleo que le permitiese vivir dignamente a ella y a su “infanta”.
Visitó a Sickert y le confió la custodia de la niña en vista de que no podía darle una vida siquiera decente. Este contactó con sus abuelos – los Crook – y les dio a la niña para que la cuidasen. Curiosamente al cabo de una años Sickert se casó con la niña – es de suponer que menos niña –
Entretanto el único trabajo que consiguió Mary fue el de prostituta en el barrio de Whitechapel, barrio que se hizo famoso por los asesinatos del destripador.
Al poco tiempo se hizo con un grupo de amigas que se juntaban en el pub Britannia y en el Ten Bells. El grupo de amigas eran: Polly Nicholls, Elizabeth Stride y Annie Chapman. Todas ellas más una pobre desgraciada, Catherine Eddowes, que no formaba parte del grupo murieron a golpe del bisturí del Destripador.
En estos pubs, alrededor de vasos de ginebra, Annie contó a este grupo su historia y la de su amiga Alice, el romance con el príncipe y el nacimiento de la hija. No hace falta mucha imaginación para sacar fruto de esta historia e intentar salir de la miseria que vivían. Se pusieron de acuerdo en chantajear a la familia real y urdieron un plan. En este plan iba a ser un elemento importante su antiguo amigo pintor. Acudieron a él para que hiciese de intermediario y contra todo pronóstico Sickert aceptó serlo.
Iniciado el chantaje, que por cierto, varios años después Sickert pintó un cuadro “El chantaje” cuya protagonista era Mary Nelly, la Reina puso el asunto en manos del primer ministro lord Robert Salisbury, masón.
En Inglaterra, antes y ahora, la monarquía y la masonería ha tenido una estrecha relación. Masones eran también los altos cargos y como no el jefe de Scotland Yard, sir Charles Warren.
Los cerebros de la operación habían sido elegidos y, vistos los resultados, la operación y su ejecución estaba bien definida. Faltaba el verdugo para solucionar el “incidente del príncipe”, tenía que ser alguien de plena confianza, de alto rango, tenía que saber matar para evitar más chantajes, y pertenecer al pequeño grupo de la aristocracia; y a poder ser alguien manejable y masón.
Y apareció la persona indicada: Sir William Gull, médico de la familia real, que había mostrado su lealtad en muchas ocasiones. Pero era un verdugo para hacer el trabajo fino, faltaba el trabajo bruto, el ayudante que sujetaba a las víctimas y que transportaba la herramienta y al señor doctor, y ese no fue otro que el antiguo cochero del príncipe John Netley.
Con el equipo formado sólo era cuestión de método, y así fue, una a una todas las componentes de la trama fueron cayendo. Pero lo extraño fue el salvajismo con que se llevaron a efecto, no tenía sentido esa violencia puesto que no se iba a mandar ningún aviso tipo mafioso a nadie, era un asunto secreto, sin embargo se ensañaron con las víctimas. Santiago Camacho en uno de sus buenos libros recoge la teoría de que el ensañamiento no pasaba de ser un ritual masónico, parece bastante lógico, hay quien ha hablado de locura del doctor puesto que había sufrido un infarto cerebral, pero un trabajo de estas características no se le encarga a un loco.
La única víctima accidental fue Catherine Eddowes, que fue confundida con Mary Kelly. Catherine fue detenida por escándalo público y dio un nombre falso, para su desgracia dijo que era Mary Kelly. A Scotland Yard le faltó tiempo para avisar al primer ministro y completarse la misión.
Solo queda a quien colocarle el apodo de destripador: al cochero, al médico, al jefe de Scotland Yard, al primer ministro o la reina.

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Lo que ha conseguido un negro nunca lo conseguirá un indio: llegar a la Casa Blanca. Obama ha conseguido un sueño que parecía ciencia ficción diez años antes.

Podemos considerar que en la actualidad y a fuer de mucha sangre, los negros tienen los mismos derechos que los blancos, pero ¿qué pasa con los derechos de los indios, que son los auténticos norteamericanos?

Voy a resumir la diferencia entre los españoles y los colonos americanos en su relación con los indios. Después de algo más de 350 años de la fecha en que Colón llegó a América, en la parte hispana quedan más de 18 millones de indios y en la parte anglosajona apenas unos cientos. La diferencia es que los españoles les consideramos personas con alma y los anglosajones animales salvajes.

En 1.647 los holandeses llegaron a Manhattan y, con algunas cuentas de vidrio, unos anzuelos y otras tonterías, consiguieron poner un pie en la isla. Ese fue el principio del fin; pusieron el otro pie y en poco tiempo las hordas de colonos llegaron al otro extremo, al Pacífico.

Los indios, cuando vieron poner el segundo pie, se inquietaron y formaron la primera alianza india entre tribus orientales (Winevagos, Potawotamies y Kickapos), con su jefe Halcón Negro a la cabeza. Se convino el primer tratado con esas tribus y, claro, fueron traicionados, Halcón Negro fue hecho prisionero, torturado y expuesto al público. El gobernador del reciente estado de Iowa compró su esqueleto y lo colocó en su despacho. Toda una declaración de intenciones de lo que sería el futuro.

En 1829 Jackson llega a la presidencia y se promulga una Ley en la que determinados territorios al oeste del Missisipi constituyen la nación india, sin que ningún blanco pueda residir en ella sin permiso indio y estableció que el ejército velaría por su cumplimiento.

Sin embargo, en poco tiempo esa ley y los siguientes tratados, más de trescientos, se fueron incumpliendo en una guerra de exterminio, más que de dominación.

Para justificar esa continua deshonestidad, tratado tras tratado, se sacaron de la manga la “Ley del Destino Manifiesto” que decía: Los europeos y sus descendientes deben, en sometimiento de su destino, regir en América. Somos la raza dominante y, por tanto, responsable de los indios, sus bosques, tierras y minerales ¡Olé!

En 1.866 se reformala Constitucióncon la decimotercera enmienda, en la que se reconoce la igualdad para todos los ciudadanos de Estados Unidos, excepto para los indios. Y dos años más tarde se incorpora ala Constitucióncomo Ley Fundamental.

Un poco antes, en 1833, ya se les veía venir: en una sentencia del Tribunal Supremo de los EE. UU. se declaraba que: por nacimiento el indio americano es extranjero, y por tanto, carece de independencia. Parece que ese juez tenía la misma enfermedad que aquel otro que no consideraba ensañamiento apuñalar a una persona 74 veces. La enfermedad de la estulticia.

No merece la pena contar, por conocidas, todas las historias del genocidio indio a manos de héroes tan conocidos como Custer, Búfalo Bill, Kit Carson, y otros. Pero sí merece contar cosas menos conocidas.

Cortar la cabellera no era una costumbre india, fue adquirida de los blancos, puesto que las compañías mineras, de pieles y de ferrocarriles pagaban primas por cada indio muerto y la única prueba que se admitía era presentar la cabellera para el cobro de la prima.

La famosa frase los únicos indios buenos que he conocido son los indios muertos, se debe a una contestación del general Sheridan a Oso Amarillo, jefe arapahoe, que en una reunión parlamentaria se presentó como Tosawi, indio bueno.

Este general recibió infinidad de medallas y honores por su buen hacer en el exterminio, aunque tiene el dudoso honor de haber prestado su nombre a un tanque.

Entre 1.860 y 1.890, sólo treinta años, se exterminaron varios millones de indios y no solo con matanzas militares. El conocido Búfalo Bill, junto a otros tiradores, fue encargado por el gobierno para acabar con los bisontes, único medio de subsistencia de los indios. Aunque la historia estadounidense, apoyada por Hollywood, le ha disfrazado de un gran tirador encargado de alimentar con su caza a los trabajadores del ferrocarril.

La diferencia fundamental entre españoles y colonos norteamericanos, es que los españoles nos cruzamos con los indígenas y mezclamos las culturas, aunque no tanto la religión, pero esa es otra historia.

En la historia de la humanidad ha habido muchos genocidios, pero éste es el más dañino desde mi punto de vista. Y es que las tribus nómadas de Norteamérica, que llegaron allí hace algo menos de 20.000 años, mantenían la forma de vida, los conocimientos, la religión y los tabúes de los primitivos habitantes europeos del paleolítico superior. Quizá ellos nos habrían contado el significado de muchos símbolos y manos estarcidas que hemos visto en las pinturas rupestres de Europa. En fin, todo sea por el bien de la civilización.

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