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Archive for the ‘Historias e historia’ Category

TUNGUSCA ¿EL MISTERIO DE STALIN?

 Iosif Stalin, el bolchevique, tiene el penoso honor de haber sido el mayor asesino de la historia del siglo XX y probablemente de toda la historia de la humanidad. Stalin era su apodo (“acero”) y se lo pusieron los propios bolcheviques (¡buf!). Durante la Revolución Rusa, los bolcheviques eran una minoría y los mencheviques eran la mayoría, seguidos por casi toda la población; estos últimos pretendían una Rusia democrática. De alguna manera, Lenin, Trosky y Stalin consiguieron desbancar a los mencheviques y crear su estado de terror con las famosas purgas, deportaciones y asesinatos en masa.

Este personaje tenía una personalidad paranoica, hasta el punto de que empleaba 50.000 soldados y agentes para su seguridad personal. Tenía agentes incluso en las granjas y en las huertas de donde provenía su comida para evitar que alimentasen el ganado o regasen con venenos. Hay mucho escrito sobre este individuo.

Una de sus falsificaciones más conocidas es la de una fotografía en la que él está sobre un estrado arengando a la multitud y, cerca de él, en una escalera, está Trosky. Mandó borrar a Trosky y distribuir la fotografía con él como único protagonista. De este tipo de falsificaciones fotográficas tiene unas cuantas.

Cuando, en febrero de 1.945, Hitler lanza la primera bomba atómica sobre Siberia, en Tunguska, Stalin no estaba dispuesto a admitir a sus aliados la vulnerabilidad de la URSS. Esta decisión dio al traste con las pretensiones de Hitler de utilizar la bomba atómica como un arma disuasoria para conseguir una paz razonablemente honrosa.

Como no podían ocultarse los daños producidos y, teniendo en cuenta que la guerra fría se estaba gestando, con los americanos realizando vuelos de reconocimiento sobre la URSS, a Stalin se le ocurrió la genial idea de decir que en Tunguska cayó un meteorito a principios del siglo XX, más concretamente en 1.908, y que desde entonces se mantenían las secuelas del impacto. Para consolidar esa historia, se sacaron fotos de la zona devastada y se inventó a un curioso personaje como autor de las fotos.

El personaje del cuento se llamó Leonid Kulik, científico soviético al que no sólo se le dotó de una personalidad, sino que también se le dio un cuerpo, una cara y una idiosincrasia. Existen algunas fotos de este personaje, una de la cara, con gafas, perilla y aspecto de científico despistado. Y otra con una especie de uniforme de marinero, con un fusil al hombro y en actitud de descubridor al uso.

A nuestro Kulik le hicieron famoso porque realizó una expedición de miles de kilómetros en caballo y trineo por un cerrado y nevado bosque hasta el lugar de la caída del meteorito, que encontró misteriosamente. Hay que tener en cuenta que incluso en la actualidad sólo se puede llegar en helicóptero al interior de esas masas boscosas. Llegó, fotografió y se fue sin más. Posteriormente aparecieron fotos del lugar, según los soviéticos, de la expedición de este científico y de vuelos realizados durante 1.945.

En todas las fotos se ve lo mismo: una zona de varios kilómetros devastada. Lo mismo con las fotos de 1.945: la misma zona y la misma devastación. Pero hay un “pero”: al poco tiempo de acabada la guerra (1.945), la zona comienza a reforestarse a una velocidad sin precedentes. El bosque se regenera y casi no quedan secuelas en la masa arbórea.

Lo que no sabía Stalin, ni nadie todavía, era que tras una explosión atómica la regeneración vegetal es muy rápida, aunque con secuelas en los troncos de los árboles. Con lo que no supo cómo justificar que el bosque estuviera devastado durante treinta años y de pronto se regenerase. Sobre esta historia oficial soviética no existen datos anteriores a 1.945, ni tampoco del científico. Sobre la vida de éste no se sabe nada, salvo que luchó en la guerra mundial y fue hecho prisionero por los alemanes y murió de tifus en el campo de concentración, nada menos que con más de 60 años. Hay que tener en cuenta que los rusos no mandaban al frente a nadie que supiese algo más que leer y escribir, mucho menos a un científico de esa categoría. A los más “leídos” los hacían comisarios políticos.

Cuando en 1.946 y 1.947 se empieza a ver la regeneración del bosque y, sobre todo, que no existía ningún cráter (las bombas atómicas se explotaban a 600 m. de altura aproximadamente), la siguiente genial idea fue dejar caer que podría haber sido una nave extraterrestre que había explotado en el aire, aprovechando que en ese año es cuando se inicia la famosa hipótesis extraterrestre para ocultar las naves circulares (platillos volantes).

Servida la incertidumbre, Stalin se salió con la suya: aún perdura el “misterio de Tunguska”.

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El Maine, un acorazado de 2ª clase, fue el precio que pagó EE. UU. para apoderarse por la razón de la fuerza de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam. Un precio exiguo y un botín más que aceptable.
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El caso de Jack el destripador es otro de los muchos escándalos que se esconden para no perjudicar a los estamentos políticos, en este caso a la familia de su graciosa majestad la Reina Victoria. Para evitar un escándalo regio se tomaron medidas demasiado drásticas y se dejaron revestir de un halo de misterio, suspense y peligro para evitar que nadie metiese sus narices en el asunto. La monarquía era muy poderosa y tanto la policía, como la justicia y la aristocracia estaban incondicionalmente de su lado. En el otro lado estaba la miseria proveniente de la industrialización de las grandes ciudades.
La familia real británica parece propensa a los escándalos y suele ser poco habilidosa para ocultarlos, es más bien chapucera a la hora de dar explicaciones o de adoptar soluciones. Y el caso del destripador es el más claro. Luego vinieron otros que no le llegaron a su altura.
Lo que se conoce de una forma general es que en el Londres de mil ochocientos y pico un loco, asesinó y mutiló a unas cuantas prostitutas y, a pesar de los esfuerzos de Scotland Yard, nunca se pudo saber quién era; ante esa incertidumbre se creó un ambiente de terror y miedo que traspasó las fronteras del Reino Unido.
Efectivamente Jack era desconocido, pero no para el máximo responsable de Scotland Yard, ni para el ministro del interior, ni para la reina Victoria.
Todo comenzó a consecuencia de las correrías y diversiones del joven príncipe Alberto Víctor, nieto de la reina Victoria, e hijo de la princesa Aleixandra. El príncipe, Eddy para sus amigos, tenía un gran amigo y gran pintor, Walter Sickert, contemporáneo de los impresionistas y amigo de Degas. Eran compañeros de juergas y la casualidad hizo que Eddy en uno de sus escarceos se enamorase de una modelo del pintor: Annie E. Crook, que además de modelo era dependienta en una pastelería. Tal fue el enamoramiento que decidieron casarse, y el príncipe, temiendo la reacción de su abuela, lo hizo en secreto. Al poco tiempo tuvieron una hija: Alice M. Crook. Los testigos de la boda fueron Sickert como amigo del novio y Mary Kelly como amiga de la novia y dependienta en la misma pastelería.
Enterada la reina Victoria del suceso, su real cerebro no pudo asimilar un matrimonio de un príncipe con una dependienta, además modelo de un pintor; lo calificó de escándalo público y tomó sus reales medidas para evitar que trascendiese. La primera mandar al manicomio a su nuera, sin pedir su opinión, para eso era la reina más poderosa de Europa. En el manicomio, Annie, murió olvidada de todo el mundo en 1.920. La segunda fue enviar al príncipe al extranjero para tener libertad de acción. La tercera borrar de los registros el matrimonio, aunque no se pudo borrar el nacimiento de la pequeña Alice. La cuarta no se sabe, pero puede suponerse que tomar medidas contra la niña, aunque no le dio tiempo. Mary Kelly enterada de los sucesos, posiblemente por medio de Sickert, huyó a su Irlanda natal, llevándose a la hija de su amiga, que es de suponer que tendría el título de infanta real.
A los pocos años Mary volvió a Londres para recuperar su antigua vida y su empleo, huyendo del hambre y la miseria que se había instalado en Irlanda. Pero los tiempos habían cambiado y se encontró un Londres distinto, sin posibilidad de encontrar un empleo que le permitiese vivir dignamente a ella y a su “infanta”.
Visitó a Sickert y le confió la custodia de la niña en vista de que no podía darle una vida siquiera decente. Este contactó con sus abuelos – los Crook – y les dio a la niña para que la cuidasen. Curiosamente al cabo de una años Sickert se casó con la niña – es de suponer que menos niña –
Entretanto el único trabajo que consiguió Mary fue el de prostituta en el barrio de Whitechapel, barrio que se hizo famoso por los asesinatos del destripador.
Al poco tiempo se hizo con un grupo de amigas que se juntaban en el pub Britannia y en el Ten Bells. El grupo de amigas eran: Polly Nicholls, Elizabeth Stride y Annie Chapman. Todas ellas más una pobre desgraciada, Catherine Eddowes, que no formaba parte del grupo murieron a golpe del bisturí del Destripador.
En estos pubs, alrededor de vasos de ginebra, Annie contó a este grupo su historia y la de su amiga Alice, el romance con el príncipe y el nacimiento de la hija. No hace falta mucha imaginación para sacar fruto de esta historia e intentar salir de la miseria que vivían. Se pusieron de acuerdo en chantajear a la familia real y urdieron un plan. En este plan iba a ser un elemento importante su antiguo amigo pintor. Acudieron a él para que hiciese de intermediario y contra todo pronóstico Sickert aceptó serlo.
Iniciado el chantaje, que por cierto, varios años después Sickert pintó un cuadro “El chantaje” cuya protagonista era Mary Nelly, la Reina puso el asunto en manos del primer ministro lord Robert Salisbury, masón.
En Inglaterra, antes y ahora, la monarquía y la masonería ha tenido una estrecha relación. Masones eran también los altos cargos y como no el jefe de Scotland Yard, sir Charles Warren.
Los cerebros de la operación habían sido elegidos y, vistos los resultados, la operación y su ejecución estaba bien definida. Faltaba el verdugo para solucionar el “incidente del príncipe”, tenía que ser alguien de plena confianza, de alto rango, tenía que saber matar para evitar más chantajes, y pertenecer al pequeño grupo de la aristocracia; y a poder ser alguien manejable y masón.
Y apareció la persona indicada: Sir William Gull, médico de la familia real, que había mostrado su lealtad en muchas ocasiones. Pero era un verdugo para hacer el trabajo fino, faltaba el trabajo bruto, el ayudante que sujetaba a las víctimas y que transportaba la herramienta y al señor doctor, y ese no fue otro que el antiguo cochero del príncipe John Netley.
Con el equipo formado sólo era cuestión de método, y así fue, una a una todas las componentes de la trama fueron cayendo. Pero lo extraño fue el salvajismo con que se llevaron a efecto, no tenía sentido esa violencia puesto que no se iba a mandar ningún aviso tipo mafioso a nadie, era un asunto secreto, sin embargo se ensañaron con las víctimas. Santiago Camacho en uno de sus buenos libros recoge la teoría de que el ensañamiento no pasaba de ser un ritual masónico, parece bastante lógico, hay quien ha hablado de locura del doctor puesto que había sufrido un infarto cerebral, pero un trabajo de estas características no se le encarga a un loco.
La única víctima accidental fue Catherine Eddowes, que fue confundida con Mary Kelly. Catherine fue detenida por escándalo público y dio un nombre falso, para su desgracia dijo que era Mary Kelly. A Scotland Yard le faltó tiempo para avisar al primer ministro y completarse la misión.
Solo queda a quien colocarle el apodo de destripador: al cochero, al médico, al jefe de Scotland Yard, al primer ministro o la reina.

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Lo que ha conseguido un negro nunca lo conseguirá un indio: llegar a la Casa Blanca. Obama ha conseguido un sueño que parecía ciencia ficción diez años antes.

Podemos considerar que en la actualidad y a fuer de mucha sangre, los negros tienen los mismos derechos que los blancos, pero ¿qué pasa con los derechos de los indios, que son los auténticos norteamericanos?

Voy a resumir la diferencia entre los españoles y los colonos americanos en su relación con los indios. Después de algo más de 350 años de la fecha en que Colón llegó a América, en la parte hispana quedan más de 18 millones de indios y en la parte anglosajona apenas unos cientos. La diferencia es que los españoles les consideramos personas con alma y los anglosajones animales salvajes.

En 1.647 los holandeses llegaron a Manhattan y, con algunas cuentas de vidrio, unos anzuelos y otras tonterías, consiguieron poner un pie en la isla. Ese fue el principio del fin; pusieron el otro pie y en poco tiempo las hordas de colonos llegaron al otro extremo, al Pacífico.

Los indios, cuando vieron poner el segundo pie, se inquietaron y formaron la primera alianza india entre tribus orientales (Winevagos, Potawotamies y Kickapos), con su jefe Halcón Negro a la cabeza. Se convino el primer tratado con esas tribus y, claro, fueron traicionados, Halcón Negro fue hecho prisionero, torturado y expuesto al público. El gobernador del reciente estado de Iowa compró su esqueleto y lo colocó en su despacho. Toda una declaración de intenciones de lo que sería el futuro.

En 1829 Jackson llega a la presidencia y se promulga una Ley en la que determinados territorios al oeste del Missisipi constituyen la nación india, sin que ningún blanco pueda residir en ella sin permiso indio y estableció que el ejército velaría por su cumplimiento.

Sin embargo, en poco tiempo esa ley y los siguientes tratados, más de trescientos, se fueron incumpliendo en una guerra de exterminio, más que de dominación.

Para justificar esa continua deshonestidad, tratado tras tratado, se sacaron de la manga la “Ley del Destino Manifiesto” que decía: Los europeos y sus descendientes deben, en sometimiento de su destino, regir en América. Somos la raza dominante y, por tanto, responsable de los indios, sus bosques, tierras y minerales ¡Olé!

En 1.866 se reformala Constitucióncon la decimotercera enmienda, en la que se reconoce la igualdad para todos los ciudadanos de Estados Unidos, excepto para los indios. Y dos años más tarde se incorpora ala Constitucióncomo Ley Fundamental.

Un poco antes, en 1833, ya se les veía venir: en una sentencia del Tribunal Supremo de los EE. UU. se declaraba que: por nacimiento el indio americano es extranjero, y por tanto, carece de independencia. Parece que ese juez tenía la misma enfermedad que aquel otro que no consideraba ensañamiento apuñalar a una persona 74 veces. La enfermedad de la estulticia.

No merece la pena contar, por conocidas, todas las historias del genocidio indio a manos de héroes tan conocidos como Custer, Búfalo Bill, Kit Carson, y otros. Pero sí merece contar cosas menos conocidas.

Cortar la cabellera no era una costumbre india, fue adquirida de los blancos, puesto que las compañías mineras, de pieles y de ferrocarriles pagaban primas por cada indio muerto y la única prueba que se admitía era presentar la cabellera para el cobro de la prima.

La famosa frase los únicos indios buenos que he conocido son los indios muertos, se debe a una contestación del general Sheridan a Oso Amarillo, jefe arapahoe, que en una reunión parlamentaria se presentó como Tosawi, indio bueno.

Este general recibió infinidad de medallas y honores por su buen hacer en el exterminio, aunque tiene el dudoso honor de haber prestado su nombre a un tanque.

Entre 1.860 y 1.890, sólo treinta años, se exterminaron varios millones de indios y no solo con matanzas militares. El conocido Búfalo Bill, junto a otros tiradores, fue encargado por el gobierno para acabar con los bisontes, único medio de subsistencia de los indios. Aunque la historia estadounidense, apoyada por Hollywood, le ha disfrazado de un gran tirador encargado de alimentar con su caza a los trabajadores del ferrocarril.

La diferencia fundamental entre españoles y colonos norteamericanos, es que los españoles nos cruzamos con los indígenas y mezclamos las culturas, aunque no tanto la religión, pero esa es otra historia.

En la historia de la humanidad ha habido muchos genocidios, pero éste es el más dañino desde mi punto de vista. Y es que las tribus nómadas de Norteamérica, que llegaron allí hace algo menos de 20.000 años, mantenían la forma de vida, los conocimientos, la religión y los tabúes de los primitivos habitantes europeos del paleolítico superior. Quizá ellos nos habrían contado el significado de muchos símbolos y manos estarcidas que hemos visto en las pinturas rupestres de Europa. En fin, todo sea por el bien de la civilización.

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No tendría que decirlo, pero ¡tal y como están las cosas!, este artículo, como todos los de este libro, está escritos con el mayor respeto a las personas y a las creencias, sean las que sean.

Desde pequeño me ha parecido raro eso de que las vacas en la India sean sagradas, que los musulmanes no puedan comer carne de cerdo y otras muchas costumbres que, desde aquel punto de vista, nunca entendí. Sobre todo lo del cerdo, dado que el jamón era un artículo de lujo.

Intentando buscar explicaciones a esa “rareza”, me encontré con muchas explicaciones: la más extendida era que el cerdo es un animal impuro, sucio y que su carne trasmite enfermedades: “tiene un efecto malo y perjudicial para el cuerpo”. Esta frase y este concepto lo expresó Moisés Maimónides, médico de la corte de Saladino, en los principios del Renacimiento. Fue el primer intento de racionalizar una prohibición divina.

La pregunta es: ¿por qué Dios se toma la molestia de prohibirles a unos unas cosas y a otros permitírselas? Si no es un capricho, que no lo parece, ¿a qué obedece esa prohibición?

Antes de aventurar una respuesta, voy a defender al cerdo.

 El pobre es uno de los animales más limpios, mucho más que las gallinas, los pollos, las cabras, las vacas, y toda suerte de animales domésticos. Es tan limpio que, si pudiese, se bañaría varias veces al día en agua limpia y transparente. El cerdo es un animal que no suda y para regular su temperatura tiene que mojarse. Apenas puede generar 30 gr de líquido por cada m2 de piel (los hombres llegamos a 1.000 gr) y las ovejas a 100 gr. Cuando la temperatura ambiente pasa de los 30ºC, la necesidad de refrescarse del cerdo es tal que, si no tiene agua, tiene que refrescarse con su propia orina. Los cerdos, no son cerdos; en todo caso lo somos sus cuidadores, que no les conseguimos agua fresca y limpia.

En cuanto a las enfermedades, todos los animales cuya carne, o cuya leche, se consume sin aplicarle calor, las producen. ¿Qué tiene el cerdo para que Dios (Génesis y Levítico) lo defina como impuro y Alá trasmita a Mahoma la misma concepción? Creo que la prohibición fue una forma de mantener los ecosistemas naturales y culturales de Oriente Medio.

Los hebreos, bueno en general todos los habitantes dela Media Luna Fértil y el interior de la misma (península arábiga), poblaban una región árida, con escasez de agua, altas temperaturas, y núcleos de población pequeños, en régimen seminómada o estable en oasis. Y descarto a los filisteos (palesthi, pueblos del mar), posteriormente llamados fenicios, porque habitaban la costa. En este entorno, por muy deseable, sabrosa y rica en proteínas que sea la carne del cerdo, su crianza tiene muchos y peligrosos inconvenientes, más allá de las enfermedades.

El cerdo no nos da leche, o sea que perdemos queso y leche de un golpe. ¡Ojo!, que el queso tiene la gran ventaja de poder conservarse durante tiempo y eso es algo muy útil en una sociedad nómada.

No se puede pastorear en busca de comida porque es poco andarín, no es adecuado para sociedades nómadas, su índice de mortalidad sería muy alto. Necesita agua para refrescarse y en esas tierras escasea, luego, no es rentable un animal que no puede buscar alimento, que no es nómada y, además, requiere agua que no se puede reutilizar. Y por último, es omnívoro y no rumiante, lo que le hace un competidor directo de nuestra comida. Come lo mismo que nosotros: féculas, grano, fruta, bellotas, dátiles, etc. En cambio, las cabras, ovejas y vacas, además de producir leche y poder pastorearlas, comen hierbas y arbustos que nuestro sistema digestivo no puede procesar y el suyo lo procesan y lo convierten en proteínas de excelente calidad.

Y de los dos grupos, cabras y ovejas contra vacas, en el entorno del que hablamos, quién sobreviviría. Por supuesto el primer grupo.

Y hay que añadir que las ovejas se adaptan aún mejor. Tienen una lana blanca que refleja el calor solar y cuando la temperatura es muy alta actúa como un aislamiento térmico, además, se aprovecha para industria textil. Luego, el animal mejor adaptado a la zona es la oveja; como se diría ahora, es el más ecológico. Y las pobres no lo sabían, han tenido que esperar siglos para que adquieran el título de animal ecológico en ámbitos desérticos o semidesérticos.

De esta prohibición divina se separaron los cristianos y algunas otras tendencias, únicamente porque se extendió a zonas donde el cerdo ya no era un mal competidor. Por ejemplo, Castilla producía grano suficiente para cerdos y personas, con lo que tal prohibición ya no tenía lugar.

Así que dejemos a cada uno en su sitio y a los cerdos en el que les corresponde.

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