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CERDOS ¡CON PERDÓN!

No tendría que decirlo, pero ¡tal y como están las cosas!, este artículo, como todos los de este libro, está escritos con el mayor respeto a las personas y a las creencias, sean las que sean.

Desde pequeño me ha parecido raro eso de que las vacas en la India sean sagradas, que los musulmanes no puedan comer carne de cerdo y otras muchas costumbres que, desde aquel punto de vista, nunca entendí. Sobre todo lo del cerdo, dado que el jamón era un artículo de lujo.

Intentando buscar explicaciones a esa “rareza”, me encontré con muchas explicaciones: la más extendida era que el cerdo es un animal impuro, sucio y que su carne trasmite enfermedades: “tiene un efecto malo y perjudicial para el cuerpo”. Esta frase y este concepto lo expresó Moisés Maimónides, médico de la corte de Saladino, en los principios del Renacimiento. Fue el primer intento de racionalizar una prohibición divina.

La pregunta es: ¿por qué Dios se toma la molestia de prohibirles a unos unas cosas y a otros permitírselas? Si no es un capricho, que no lo parece, ¿a qué obedece esa prohibición?

Antes de aventurar una respuesta, voy a defender al cerdo.

 El pobre es uno de los animales más limpios, mucho más que las gallinas, los pollos, las cabras, las vacas, y toda suerte de animales domésticos. Es tan limpio que, si pudiese, se bañaría varias veces al día en agua limpia y transparente. El cerdo es un animal que no suda y para regular su temperatura tiene que mojarse. Apenas puede generar 30 gr de líquido por cada m2 de piel (los hombres llegamos a 1.000 gr) y las ovejas a 100 gr. Cuando la temperatura ambiente pasa de los 30ºC, la necesidad de refrescarse del cerdo es tal que, si no tiene agua, tiene que refrescarse con su propia orina. Los cerdos, no son cerdos; en todo caso lo somos sus cuidadores, que no les conseguimos agua fresca y limpia.

En cuanto a las enfermedades, todos los animales cuya carne, o cuya leche, se consume sin aplicarle calor, las producen. ¿Qué tiene el cerdo para que Dios (Génesis y Levítico) lo defina como impuro y Alá trasmita a Mahoma la misma concepción? Creo que la prohibición fue una forma de mantener los ecosistemas naturales y culturales de Oriente Medio.

Los hebreos, bueno en general todos los habitantes dela Media Luna Fértil y el interior de la misma (península arábiga), poblaban una región árida, con escasez de agua, altas temperaturas, y núcleos de población pequeños, en régimen seminómada o estable en oasis. Y descarto a los filisteos (palesthi, pueblos del mar), posteriormente llamados fenicios, porque habitaban la costa. En este entorno, por muy deseable, sabrosa y rica en proteínas que sea la carne del cerdo, su crianza tiene muchos y peligrosos inconvenientes, más allá de las enfermedades.

El cerdo no nos da leche, o sea que perdemos queso y leche de un golpe. ¡Ojo!, que el queso tiene la gran ventaja de poder conservarse durante tiempo y eso es algo muy útil en una sociedad nómada.

No se puede pastorear en busca de comida porque es poco andarín, no es adecuado para sociedades nómadas, su índice de mortalidad sería muy alto. Necesita agua para refrescarse y en esas tierras escasea, luego, no es rentable un animal que no puede buscar alimento, que no es nómada y, además, requiere agua que no se puede reutilizar. Y por último, es omnívoro y no rumiante, lo que le hace un competidor directo de nuestra comida. Come lo mismo que nosotros: féculas, grano, fruta, bellotas, dátiles, etc. En cambio, las cabras, ovejas y vacas, además de producir leche y poder pastorearlas, comen hierbas y arbustos que nuestro sistema digestivo no puede procesar y el suyo lo procesan y lo convierten en proteínas de excelente calidad.

Y de los dos grupos, cabras y ovejas contra vacas, en el entorno del que hablamos, quién sobreviviría. Por supuesto el primer grupo.

Y hay que añadir que las ovejas se adaptan aún mejor. Tienen una lana blanca que refleja el calor solar y cuando la temperatura es muy alta actúa como un aislamiento térmico, además, se aprovecha para industria textil. Luego, el animal mejor adaptado a la zona es la oveja; como se diría ahora, es el más ecológico. Y las pobres no lo sabían, han tenido que esperar siglos para que adquieran el título de animal ecológico en ámbitos desérticos o semidesérticos.

De esta prohibición divina se separaron los cristianos y algunas otras tendencias, únicamente porque se extendió a zonas donde el cerdo ya no era un mal competidor. Por ejemplo, Castilla producía grano suficiente para cerdos y personas, con lo que tal prohibición ya no tenía lugar.

Así que dejemos a cada uno en su sitio y a los cerdos en el que les corresponde.

Dedicado a los escasos lúcidos que son frívolos solamente cuando cuentan chistes.

El movimiento 15 M ha dejado al descubierto la insoportable frivolidad del común de los opinadores, tanto profesionales como aficionados. Lo primeros tienen una mínima justificación puesto que están adscritos a medios de comunicación con una línea editorial de obligada obediencia, tanto a la derecha como a la izquierda, y dicen lo que les mandan, con el agravante de que tienen que ocupar poco espacio o poco tiempo y dar un mensaje claro que sirva bien al interés del medio de comunicación y bien poco a la verdad. El análisis y el conocimiento es lo de menos.

Pero los aficionados, ¡ay los aficionados! me recuerdan a los conversadores de taberna, una especie que ha recorrido la historia desde hace más de tres mil años, desde Sumer hasta el 15 M en España. Un largo periplo para una corta evolución. Este espécimen, sea cual sea el tema, está a favor o en contra y, en función de esa posición, discute, que no comenta.

¿Pero qué quieren estos antisistema? ¡Pues hacen bien, ya era hora! ¿Y si los demás hacemos lo mismo, qué? ¡Nosotros por lo menos corríamos delante de la policía! ¡Lo que quieren es trabajar poco y ganar mucho! ¿Para qué quiren cambiar el sistema, para hacer más botellones? ¡Son unos nini, que se aburren! ¡Que busquen trabajo! Todo esto desgraciadamente lo he oido a mi alrededor como preámbulo de una sarta de sandeces que no tienen cabida aquí.

Solamente en una ocasión he entrado al trapo, no por gusto, sino por obligación, puesto que el opinador es un amigo al que le debo el respeto que obliga la amistad. Recuerdo retazos de esa conversación tabernaria apoyados en un barril en la calle y con un tercio cada uno.

Le dije que lo que quieren está perfectamente argumentado en su manifiesto y perfectamente explicado en sus propuestas de la pagina web. Por supuesto, él estaba hablando sin haber leído esa página, pero da lo mismo, si algo caracteriza al opinador de taberna es el ansia de discutir por discutir de cosas que no sabe ni quiere saber porque cree que su inteligente percpción de la vida es suficiente . Cuando calificó a los del 15 M como nini tuve que decirle que nosotros éramos de la generación de los concon, con familía adinerada, con contactos, con estudios pagados, con pocos master y con poco conocimiento sobre el funcionamiento de la sociedad en aquellos 60. A no pocos compañeros les sacaron de la comisaría gracias a los contactos de sus papás, a no pocos compañeros les dieron trabajo sus papás o los amigos de sus papás, a no pocos les compraron un piso para emanciparse, y unos pocos, además, un sueldo. NI estudian ni trabajan porque no les damos trabajo y porque llevan estudiando treinta años.

La mayor parte de los opinadores, en estos momentos, no entiende que las cosas son de otra manera, de la manera a la que hemos convertido esta sociedad y sus hijos, donde prevalece el yo, mi, me, conmigo, sobre el nosotros. Hemos empezado a fomentar el eufemismo para ocultar la falta de criterio y, desgraciadamente, de valores. Hemos sustitudo la responsabilidad y la implicación en educar a conciencia a un hijo por la responsabilidad en nombrar adecuadamente a las siglas que nos han sustitudo. Hemos pasado del padre con autoridad, al colega sin criterio, del colega sin criterio al APA, del APA al AMPA, del control a la sobreprotección, de los derechos y obligaciones a las exigencias, en definitiva a la egoísta irresponsabilidad.

Este espécimen, que no solo es de taberna, también lo es de sala de espera, de cola en el mercado, de matar el rato con el vecindario, o de preámbulo para pedir una hipoteca, gusta de repetir hasta la saciedad lo mismo, deambula permanentemente sin rumbo fijo con el solo objetivo de matar el tiempo, como si el tiempo fuera otro al que puede matarse; su modelo de discusión es el de Tele 5, su criterio está disociado de sus sentimientos, gusta de evitar cualquir lógica que le pueda conducir a pensar, o lo que es peor, a pensar que pinta en este mundo.

Bueno, pues este espécimen está incluido en un número considerable de las listas electorales que le llevarán sin más estudios, máster, ni nada, ni nini, a gestionar y elaborar no pocas de las leyes que nos rigen. En estos días, para ser elegido diputado, alcalde o presidente, basta con escalar en el escalafón político con el solo conocimiento de la obediencia ciega a los intereses del partido y a tener buenos patrocinadores, es decir amigos y familia que le vote. En fin todo un profesional.

Si a este grupo lo disgregamos, lo cogemos uno a uno y le planteamos, sin ánimo de discusión, las peticiones del manifiesto, o las propuestas, es seguro que estarán de acuerdo en un 100% o cerca. Siempre con la excepción de los cautivos de la política.

Lo mas cojonudo es que los banqueros y políticos nos han metido el dedo en el ojo, la mano en el bolsillo, nos están quitando la vivienda, el trabajo, los logros sociales y lo peor, el criterio, el pensamiento y la capacidad de análisis. Y sin embargo hemos votado lo mismo, no me refiero al partido ganador, me refiero a todos, hemos votado seguir igual, sin casa, sin trabajo, sin criterio y sin pensamiento. Con el eufemismo como bandera, el egoismo como mástil, y la frivolidad como uniforme.

¡Qué pena!, dejo una reflexión de Jefferson: “Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron”